Masajes eróticos: relaciones íntimas más saludables

La sexualidad es un arte y lo es por que engloba emociones y sensaciones, porque utiliza los sentidos, porque utiliza un lenguaje lleno de sensualidad y porque al fin y al cabo nos proporciona un placer que nos equilibra como personas.

Si la sexualidad es un arte, no sólo debemos aprender la técnica sino también poner a su servicio nuestras emociones. Conocer nuestro cuerpo, el del otro y considerarnos dignos para explorar, sin vergüenzas ni culpas, serán algunas de las claves para llegar a gozar de una sexualidad sana y plena.

Desde Galeno (129-200 d.C.), hasta la aparición de los primeros vibradores (1883), la utilización de los masajes eróticos era una cuestión recomendada por médicos y especialistas para conseguir y favorecer una buena salud. Fue después cuando se cuestionaron las propiedades terapéuticas de la salud sexual, para llegar hasta nuestros días donde consideramos la sexualidad un punto tan central de nuestras vidas que no hay nadie que no desee gozar con plenitud de esa parte de su ser.

Ya quedan lejos algunos artilugios que se vendían como eróticos hace algunos años. Ahora surgen nuevas generaciones de instrumentos que nos pueden hacer sentir la sensualidad y la erótica en toda su amplitud.

Claro ejemplo son los novedosos masajeadores íntimos que comercializa Philips (con una campaña que puedes ver en varios medios, incluido este). Discretos y elegantes, sencillos en su uso, mucho más cerca de hombres y mujeres en general, ya que están diseñados para ambos sexos sin distinción. Por fin destierran esa idea de que la sexualidad sólo se refiere a los genitales y al coito, olvidándonos como ocurre demasiadas veces del juego, de la seducción, de la estimulación de nuestra piel y de zonas de nuestro cuerpo, que incluso desconocemos que sean capaces de proporcionarnos sensaciones. Estos masajeadores se centran en la idea de que la sensualidad y la erótica creada por la pareja son los que llevan a sentir una excitación y un placer plenos.

Conocer lo que nos gusta, saber comunicarlo, aprender y sentir, sin miedo y sin vergüenza, sin ocultar que la sexualidad forma parte de nuestras vidas, nos llevará a ser mucho más felices. Y atrevernos a probar, también.